Ser puertorriqueño no es un bombito al pitcher

¿Cuántos hemos repetido este mantra, “yo soy boricua, pa’ que tú lo sepas”? ¿Y quién es ese Tú al que le estamos gritando esa afirmación? ¿Por qué necesitamos reafirmarlo? En los siete partidos en los que el equipo nacional de béisbol puertorriqueño obtuvo la victoria, fue otra palabra la que se convirtió en mantra.

No hay ni que escribirla porque todos sabemos de la que se trata. La misma resultaba en una reafirmación de coraje a un nivel emotivo más alto que la de “yo soy boricua”. Gente de todas las edades, todos los niveles sociales y hasta en la diáspora, la soltaban como un exorcismo.

¿Qué hay detrás de esa emoción que convirtió al equipo de Puerto Rico en la máxima atracción del Clásico Mundial de Béisbol, aún después de haber perdido? De hecho, los puertorriqueños celebraron el subcampeonato con caravanas y fiestas de pueblo; los jugadores de los Estados Unidos regresaron a su entrenamiento de primavera como si nada.

Hay una sola explicación a esta diferencia: reafirmación nacional. Hay una necesidad de esta pequeña isla caribeña invadida el 25 de julio de 1898 por las fuerzas estadounidenses de reafirmar su identidad nacional.

Ser puertorriqueño no es un “bombito al pitcher”. Desde la invasión hubo un propósito deliberado, convertido en política pública, de arrebatarle la identidad a los puertorriqueños, sobre todo su idioma español, para propiciar la asimilación, eliminar la resistencia y facilitar la explotación. Ese propósito no se ha logrado del todo gracias al muro de contención que ha sido nuestro deseo de ser boricuas, “pa’ que Tú lo sepas”, y pa’ que no te vayas a equivocar, como le gritamos a ese alguien que algunos prefieren no identificar.

Estoy de acuerdo con no mezclar la política partidista, pequeña, con el deporte. Por eso me molestan los políticos que aprovecharon para exhibirse en el recibimiento a los peloteros boricuas aún cuando son contrarios ideológicamente a la participación de Puerto Rico, como entidad nacional, en dichos eventos. Hubiese sido más honesto de parte del gobernador y sus funcionarios que en el homenaje al “team rubio” le confesaran a la gente que bajo la estadidad esas emociones vividas serían cosa del pasado. En la estadidad todos los peloteros boricuas estarían condenados a convertirse en los Marcus Stroman de la vida.

De la política partidista debemos abstraernos, pero de la verdadera política, la que trata de cómo los pueblos se organizan para conducir su vida, no. En esa política, la identidad nacional es consustancial y, en el caso particular de Puerto Rico, es un asunto de vida o muerte. Más allá de las preferencias político partidistas, el orgullo de ser boricua lo sienten todos los puertorriqueños, del territorio nacional y de la diáspora.

El gran problema que tiene la estadidad es que es una aspiración sin emoción, desraizada de la verdadera esencia del ser puertorriqueño. El que es estadista lo es, o por el miedo que le inculcó el coloniaje a ser capaz de sobrevivir por sí mismo, o por pura conveniencia de dólares y centavos, lo cual ha sido cuestionado por la Oficina de Finanzas del Congreso de los Estados Unidos. Sería interesante que Jenniffer González acompañara su petición de estadidad con algunos videos de las expresiones del 99% de nuestra población luego del último out del juego que le ganamos a los Estados Unidos en la segunda ronda.

Ahora bien, esa emoción y ese orgullo férreo no lo podemos exhibir única y exclusivamente en las actividades culturales o deportivas. A ese Tú que queremos que sepa que somos boricuas hay que identificarlo en estos momentos aciagos. Ese Tú se llama Congreso de los Estados Unidos, Junta de Control Fiscal (JCF) y Natalie Jaresko, la nueva gobernadora no electa del País, a la que nos obligarán a pagarle una millonada mientras ejecuta las órdenes de la Ley federal PROMESA.

Está bien que nos unamos como pueblo en el deporte, pero la patria exige que nos unamos en su defensa con la misma emoción y coraje. Y si me dejaran, terminaría este escrito con el segundo mantra en letras mayúsculas.

  • Silverio Pérez

    Escritor, Músico, Motivador, Compositor, Host de Radio y TV.

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