Una dura reflexión

(AP Photo/Thibault Camus)
(AP Photo/Thibault Camus)

¿Cómo es posible que un ser humano planifique asesinar, sin discriminación alguna, a otros seres humanos? La contestación parece ser que la violencia y la capacidad de ejercerla indiscriminadamente se alberga en algún lugar de nuestro ser. Es el Dinosaurio del que hablé en un libro que publiqué en el 2005. Nuestra capacidad de mantener esa irracionalidad bajo control nos eleva a otro nivel de consciencia. Pero la triste historia de la Humanidad está escrita con sangre inocente.

En el momento en que alguien entiende que su verdad es la única verdad, sea religiosa, política, deportiva, alimentaria o moral, ha abonado el terreno para que crezca esa intolerancia que nos puede llevar al terrorismo. Las guerras santas, como las Cruzadas Cristianas, y las no tan santas, como las de los nazis contra los judíos, y la que llevó a los Estados Unidos a lanzar las bombas sobre Hiroshima y Nagazaki, nacen de la misma raíz.

(AP Photo/Thibault Camus)
(AP Photo/Thibault Camus)

Cuando se siembran vientos, se cosechan tempestades. Estados Unidos armó un grupo de mercenarios para que sacaran a tiros a los rusos de Afganistán. ¡Y lo lograron! Estos se envalentonaron y, como Frankenstein, se viraron contra sus creadores y nació Al Qaeda. La invasión de Estados Unidos a Irak, desestabilizó el precario balance que había en esa región y Al Qaeda floreció en medio del caos creado. En el seno de Al Qaeda surgió una facción que quería meterse en Siria y como no obtuvieron el visto bueno, se desprendieron de su organización madre y surgió ISIS, el Ejército Islámico. Ahora muchos añoran los tiempos en que Al Qaeda era la organización terrorista más temible.

Pero regreso al espejo y veo que en lo cotidiano, si mi vida no fuera una constante reflexión, acabaría librando mis guerras santas en mi entorno inmediato. ¿No actuamos como terroristas cuando queremos aniquilar a la pareja que nos dejó por otra persona? ¿Y cuando le declaramos la guerra a un compañero de trabajo, o al jefe? ¿Y qué me dicen cuando alguien intenta organizar un grupo de la sociedad civil para enfrentar la crisis que vivimos y le masacramos la reputación por el mero placer de criticar? ¿Y cuando uno de nuestro propio partido expresa ideas divergentes? ¿O cuando ya la lucha no es intrapartido, porque hemos borrado del mapa a los opositores, y nos enfrentamos al partido contrario, nos es el exterminio lo que buscamos? Claro, de forma civilizada, con comunicados de prensa, anuncios, campañas de descrédito… pero el ADN es el mismo de los que se inmolaron en París.

Ahora, que poco a poco la sabiduría que trae la edad va sustituyendo las pasiones políticas, veo que en demasiadas ocasiones he justificado actos de violencia de los míos… Mea culpa. No hay ideología o lucha que justifique el que un ser humano atente contra la vida de otro. Puede que esté pensando en pajaritos preñaos o en un mundo ideal, pero es lo que siento en este momento. Si justifico la pequeña acción violenta de los que creen como yo, en verdad, en verdad, si me hubiese tocado vivir al otro lado del mundo, estaría justificando con un hashtag ‫#باريس_تشتعل los ataques en Paris.

Insisto en que observemos nuestro entorno. En la política local está el yijadista josco. Oigan los programas de radio de supuestos analistas, escuchen las participaciones radiales donde el pueblo se expresa. La intolerancia que vemos a lo lejos, está aquí, en nuestro diario vivir. Y la humanidad no podrá hacerla desaparecer del planeta mientras no la reconozcamos en nuestro entorno, interior y exterior. No nos despeguemos del espejo, hasta que nos moleste, hasta que lo rechacemos con todas las fuerzas de nuestro espíritu. Entonces habremos comenzado no una guerra, sino una radical transformación de a humanidad.

 

Exprésate

  • Silverio Pérez

    Escritor, Músico, Motivador, Compositor, Host de Radio y TV.

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