Tratemos de entender lo que pasó en los Estados des-Unidos de Norteamérica y en Puerto Rico.

Yo sé que en estos momentos hay desasosiego con respecto a lo que vendrá después de los resultados electorales, principalmente en los Estados Unidos. Comparto estas reflexiones sin intención alguna de que estén de acuerdo conmigo, solo por si les ayuda a sus propias y necesarias reflexiones.

Cada elección es un retrato de la realidad de un pueblo en un momento determinado. Muchos han descubierto, con sorpresa, de que hay cerca de 60 millones de norteamericanos que piensan como Donald Trump. No es tan así. Lo que sí podemos decir, y las estadísticas lo respaldan, es que en Estados Unidos hay un clase media, blanca, poco educada, religiosa, que por años ha sufrido el embate de un capitalismo que hace que los ricos sean más ricos y los pobres sean más pobres. Esa clase, excluida del American Dream, al no tener las herramientas de análisis que da la educación, reducen su situación a un análisis simplista, superficial pero lógico: “Ya Estados Unidos no es lo que antes era. Ahora, hasta un negro es presidente. Se reconoce los matrimonios de los homosexuales. Los extranjeros vienen a quitarnos los trabajos porque cobran más barato. Hay latinos que están llegando a ser congresistas y pronto uno será presidente. Los terroristas musulmanes nos van a aniquilar. La gente que veo en televisión, deportistas y artistas ricos y famosos me dan coraje, pues no soy como ellos. Y para colmo, ahora pretenden que después de un negro, venga a presidir una mujer que viene de ese mismo sistema que me tiene jodío.”

Es interesante que jóvenes educados, y un gran sector liberal de los Estados Unidos, coincidió con algunos aspectos de esa queja de esa clase media blanca, pero fue más allá y encontró en el capitalismo salvaje, en el neoliberalismo y en la política corrupta de Washington la explicación de por qué la cosa era como era. Este grupo también vio que la exclusión y el discrimen no era solo contra esa clase media blanca, sino también contra toda minoría que no tuviera el respaldo de Wall Street.

Entonces surgen dos políticos que con sus discursos encontraron eco en esa queja. Uno, rico y poderoso, que con habilidad manipuló esa masa inconforme y le dijo lo que ellos querían oír, y otro que se le fue de frente al sistema y cuestionó la raíz de ese sistema que radica en los que verdaderamente mandan, la gente de Wall Street. Bernie Sanders entusiasmó a un sector de Estados Unidos con ese discurso, con ribetes socialistas. Donald Trump se dirigió a la otra masa de inconformes. Hillary Clinton y el establecimiento demócrata se sorprendieron con el entusiasmo y pega que tuvo el discurso intelectual de Sanders, y por poco pierden la primaria con el viejito que surgió de la nada. Trump por su parte sorprendió al establecimiento republicano, y con un lenguaje callejero, sin sofisticación alguna, fue ganándose uno a uno a los políticos tradicionales republicanos que se le enfrentaron.

No todos los seguidores de Sanders pudieron tragarse a la Hillary pro sistema y, algunos votaron por Trump, que por lo menos retaba ese sistema, y otros, se quedaron en sus casas y no votaron. Ni aún Obama con su maestría discursiva, ni Michelle, con su encanto, pudieron cargar a Hillary. Los medios estadounidenses, enraizados en el este y oeste sofisticado, atendieron sus propias encuestas, con su propio lenguaje politically correct, y se equivocaron. A los que estaban con Trump poco le importó los deslices de su discurso, que esa prensa sofisticada del este y oeste de los Estados Unidos catalogaba como pecados políticos o politically incorrect. A ellos le importaba su situación inmediata que Trump seguía manipulando con mucha efectividad.

El resultado ya lo sabemos. Tremenda sorpresa para muchos. La cara fea del estadounidense blanco, pobre, inculto, fanático, racista, homofóbico, xenofóbico y machista encontró su campeón en Donald Trump. Aunque Hillary ganó el voto popular por 200,000 electores, ese es el número que divide a 60 millones de un lado y 60 millones de otro que cohabitan en estos Estados desUnidos.

¿Qué es lo positivo de ese resultado? Que siempre la verdad es una buena noticia. Y lo que hemos visto es la realidad de esa nación, que tiene luces y sombras, grandezas y bajezas, como cualquier lugar del mundo. Yo nunca he sido anti americano. Me parece que todo lo anti no funciona. Es mejor ser pro algo. Soy pro respeto entre los pueblos del mundo, incluyendo a los E.U. Pero estas elecciones demuestran que eso de “la unión permanente” con los Estados Unidos es un postulado que muchos deberán revisar en Puerto Rico. La estadidad no va a ser aceptada por los “trumpistas”, y, pónganle el sello, el Muro no va a ser construido. No es lo mismo con guitarra que con violín.

En Puerto Rico la noticia positiva es la toma de consciencia del electorado… poco a poco. Los números lo demuestran, el bipartidismo se ha comenzado a quebrar: De 884,775 votos que sacó Fortuño en el 2012, cuando perdió, Ricardo Rosselló lo baja a 649,792. Alejandro García Padilla sacó 896,060 en 2012 y Bernier lo bajó a 605,710. 525,334 electores menos tiene el bipartidismo, que baja de un 47%  de ambos a un 42% azul y un 39% rojo. El PIP, al que muchos votantes también consideran parte de la política tradicional, lleva 4 elecciones sin quedar inscrito y sigue bajando; va por el 2.1%

Sin embargo un candidato solo y sin dinero, como el Dr. Vargas Vidot, saca, a pulmón, 157,000 votos, y entra al Senado; Alexandra Lúgaro y Manuel Cidre alcanzan casi un 18% del electorado con 264,419 votos; y Juan Dalmau y Denis Márquez entran a Senado y Cámara con votos multipartidistas. En el precinto 4 de San Juan, María de Lourdes Guzmán, sacó un 10% del electorado, también de forma independiente. Todas esas cifras auguran un cambio en el juego político. Cabe ahora preguntarse qué va a venir después. Eso amerita otra columna. 

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  • Silverio Pérez

    Escritor, Músico, Motivador, Compositor, Host de Radio y TV.