Se lo atribuyo a la cercanía del próximo encuentro de Los Rayos Gamma el próximo viernes y sábado en Caguas. Pero, ¿cómo aparecieron las fotos? ¿O las vi sin verlas, con esa vista periferal que tenemos y que la mente consciente no parece reconocer? Lo cierto es que fue una loquera. Andábamos por las calles de Los Ángeles, buscando un estudio de ensayos donde repasaríamos algunas parodias para la presentación en Caguas. A cada rato nos tropezábamos con personajes de Disney y de otras películas, y Horacio se ponía como un niño, retratándose con ellos, y yo preocupado por el ensayo. Jacobo nos esperaba en una limusina. No llegamos, nos perdimos.

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Se lo atribuyo a la cercanía del próximo encuentro de Los Rayos Gamma el próximo viernes y sábado en Caguas. Pero, ¿cómo aparecieron las fotos? ¿O las vi sin verlas, con esa vista periferal que tenemos y que la mente consciente no parece reconocer? Lo cierto es que fue una loquera. Andábamos por las calles de Los Ángeles, buscando un estudio de ensayos donde repasaríamos algunas parodias para la presentación en Caguas. A cada rato nos tropezábamos con personajes de Disney y de otras películas, y Horacio se ponía como un niño, retratándose con ellos, y yo preocupado por el ensayo. Jacobo nos esperaba en una limusina. No llegamos, nos perdimos.

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Posted in Silverio Pérez

  Cerca de la una y media de la madrugada,  Horacio Olivo se dio una escapadita… en esta ocasión no fue como sus escapadas ocasionales a la Placita Roosevelt, fue una realmente sensacional: se escapó de su cuerpo, y antes de emprender su viaje al más allá, que realmente está más acá de lo que muchos se imaginan, pasó a hacerle una maldad a su amigo más antiguo, Jacobo Morales, que a esa hora degustaba un buen vino en compañía de sus hijos y nietos mientras escuchaba la música de Alberto Cortez. Horacio, vestido de invisibilidad, entró a la sala, tomó el control remoto, y corrió el reproductor de discos compactos,

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  Cerca de la una y media de la madrugada,  Horacio Olivo se dio una escapadita… en esta ocasión no fue como sus escapadas ocasionales a la Placita Roosevelt, fue una realmente sensacional: se escapó de su cuerpo, y antes de emprender su viaje al más allá, que realmente está más acá de lo que muchos se imaginan, pasó a hacerle una maldad a su amigo más antiguo, Jacobo Morales, que a esa hora degustaba un buen vino en compañía de sus hijos y nietos mientras escuchaba la música de Alberto Cortez. Horacio, vestido de invisibilidad, entró a la sala, tomó el control remoto, y corrió el reproductor de discos compactos,

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