Para ser el esposo ideal

El jueves yo estaba escribiendo el libreto de ¿Qué es lo que hay? de ese día cuando escuché algo que me dijo en tono de advertencia a lo que no le hice mucho caso (eso ayuda enormemente a la salud mental de los escritores). Poco después fui al baño de nuestro cuarto y vi la tapa levantada (eso me dio un gran alivio, pues no la tenía que levantar yo) y un nivel de agua más alto de lo común… bueno, casi al borde del desborde, y perdonen la redundancia. Ah, creo que también vi papel de inodoro flotando. Algo dentro de mí me alertó a usar el otro baño. Cuando iba camino a ese otro baño, Yéssica me estaba esperando en el pasillo, con la mano derecha en la cintura, la ceja izquierda levantada, y con voz sentenciosa me dijo: ¿Viste?

Esa es una pregunta muy amplia. No se si el ¿viste? era por la situación del país, por algún traje nuevo que estuviese colgado en el closet, porque la cama ya estaba arreglada, no sé, pero por si acaso, me salió una genialidad: “Creo que hay que llamar a un plomero”. Y seguí rumbo al otro baño. Lo próximo que me entero, por Facebook, es que efectivamente el baño estaba tapado y que, tal vez en sus más fantásticos sueños, ella tenía alguna esperanza de que yo lo arreglara. Me parece que mi brillante sugerencia de llamar a un plomero era aportación suficiente para resolver ese inconveniente doméstico. Pues por las fotos que vi en Facebook, y por unos guantes que aún están en el borde del bidet, he concluido que ella misma lo arregló. Tal vez por eso fue que me dijo algo que en aquel momento no entendí del todo: “Si usas el baño te vas a envenenar, le eché Drano”. A mí eso de Drano, me sonó a un súper héroe de cómics, pero por si acaso, no lo usé.

Quiero reconocer públicamente que estos pequeños detallitos: encontrar en el botiquín las pastillas que me pide cuando está acostada y tiene dolor de cabeza; descifrar cómo es que funciona el microondas para calentarle el café; lograr dar con la comida de los perros cuando le tengo que ayudar en eso y ella está ocupada; contestarme la pregunta diaria de dónde está el celular y dónde dejé la wallet, recoger los calzoncillos que dejo creativamente por diversos lugares del cuarto y otros detallitos más, son con los que me falta bregar (bendita palabra de nuestro glorioso idioma que permite cualquier interpretación que queramos darle) para ser ese esposo ideal… que ella sabe que tiene, pero es un diamante por pulir.

Exprésate

  • Silverio Pérez

    Escritor, Músico, Motivador, Compositor, Host de Radio y TV.

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