Papi cumple 101: lo que me enseñó y no aprendí

Silverio fue Papa, en la Roma del año 536. El almanaque Bristol así lo establece el día de su santo: 20 de junio. Hubo otro Silverio, que nació un 20 de junio de 1914, y decidió ser Papa, pero con acento en la última A.

“Ay dejen eso”, es la expresión de mi padre cuando le decimos que este próximo sábado cumple su primer añito después de su centenario. Cuando le celebramos los cien, con el humor que le caracteriza, dijo que le extrañaba que no vinieron a la fiesta ninguno de los que estudiaron con él en la escuela elemental.

Mi padre engendró 14 hijos, 3 con su primera esposa, de la cual enviudó, y 11 con mi mamá, de los que soy el mayor. Les comparto una reflexión sobre ser padre que exprimí de mi corazón en una de las pausas para aliviar el cansancio durante mi peregrinaje en el Camino de Santiago.

“De niño, todos los días observaba a mi papá echarse una caja de herramientas de carpintero al hombro para salir a buscar trabajo. Cada tarde regresaba frustrado. Eran tiempos muy difíciles con muchas tardes donde no había qué comer. Entonces, mi mamá nos ordenaba salir a buscar algo para la comida: sacar un ñame de la tierra, tumbar una pana de un árbol, cortar un racimo de plátanos o guineos y buscar huevos de gallina en algún nido en el monte. Lo hacía con una sonrisa, convencida de que en algún lugar del vecindario estaba el sustento de aquella tarde. Papi se enfermó de los nervios. La presión de fallar en ser el proveedor lo avasalló. Mami se dedicó a hacer labores en la casa para la industria de la aguja y, con lo poco que le pagaban, logramos echar hacia delante.

Aprendí que ese rol de proveedor era incuestionable. Además, no quería que mis hijos vivieran las dificultades que me tocaron. Luego aprendí que precisamente fueron esas dificultades las que moldearon mi carácter. En esos tiempos en que comencé a ser padre, el país se enfrentaba a los comienzos de una gran crisis económica. Pero tanto el país como sus ciudadanos nos empeñamos en dar la impresión de ser lo que no éramos. Había ambición de escalar en la esfera social. Era imprescindible tener un buen plan médico, los hijos en escuelas privadas, viajar fuera del país en las vacaciones, tener buena ropa y dinero suficiente para divertirse. Todo esto exigía trabajar sin parar, sin pensar… y sin ahorrar.

Fueron tiempos en que las reglas del pasado de las relaciones de pareja ya no nos servían y aún no se conocían las reglas del presente. El matrimonio dejó de ser para toda la vida y los que nos volvimos casar, con hijos de matrimonios anteriores, cargábamos con la culpa de no darle a nuestros hijos la estabilidad que nuestros padres nos dieron.

¡La culpa! Sentirse culpable es como tener un cáncer que corroe todos los tejidos emocionales y tergiversa las buenas acciones. ¿Cuánto de lo que hacía era impulsado por la culpa? ¿Cuánto por un auténtico sentido de responsabilidad? ¿Dónde quedaba la línea que dividía lo uno de lo otro?

Me impuse la tarea de ser el mejor papá. Los que me conocen saben que esa fue y siempre ha sido mi prioridad. Por eso siempre estaba presente, disponible, y nunca decía que no. Si en algo fallé fue precisamente en eso, en nunca decir que no, en no mostrarme vulnerable. Los logros de mis hijos, de los que me siento profundamente orgulloso, me dicen que valió la pena el rol que me impuse. Pero también es cierto que pretender ser Súperman a la larga te pasa la factura.”

Este fin de semana fui a ver Love Love Love, una comedia que reflexiona sobre el rol de padres de los que pertenecemos a ese exclusivo grupo de los Baby Boomers. Me hizo llegar a la misma conclusión a la que me llevó la reflexión en el Camino de Santiago: no le hemos enseñado a nuestros hijos lo que nuestros padres nos enseñaron: a forjar nuestra vida con nuestro propio esfuerzo, sin que nos lo resuelvan todo. Aquellos de nuestros hijos que sí lo aprendieron, fue por virtud propia, lo que no, fue responsabilidad nuestra, fallamos.

Termino con tres diálogos recientes con mi padre, que a sus 101 años tiene su mente clarita, tan así que su humor tiene que ver con el uso de la palabra:

1.

—Papi, prepárate para ir a recogerte. Te voy a llevar a la cita del médico —le digo por teléfono.

—A mí no me vengas a recoger… yo no estoy regao —contesta desenfadado.

2.

—Don Silverio, ¿ya vio el periódico? —le dice Yéssica, señalándole el periódico que está sobre una silla cercana.

—Sí, desde que lo trajeron lo estoy viendo… —dice mirando hacia la silla.

3.

Cuando iban a montarse por primera vez en un avión, para visitar a uno de mis hermanos que reside en Orlando, lo llamé para tratar de aliviar su ansiedad y le pregunté:

—¿Hiciste ya las maletas?

—No fue necesario —dijo sin pensarlo— tu mamá compró unas.

Honro a mi padre a sus 101 años, y de paso, a los padres de cada uno de ustedes que me leen, estén en esta o en la otra existencia.

Exprésate

  • Silverio Pérez

    Escritor, Músico, Motivador, Compositor, Host de Radio y TV.

8 thoughts on “Papi cumple 101: lo que me enseñó y no aprendí

  1. A mi me dieron muy poco lo suficiente en valores y disciplina, como madre y padre que he sido, he dado mucho a mis hijos cosa que no me pudieron dar a mi mis padres, obvio, no tenian, pero lo dado no ha sido suficiente para que valoren el sacrificio, el trabajo y la responsabilidad, si hay muchas cosas en las que uno evalua que no dio, o dio mucho a los hijos, pero una cosa si tengo bien presente, que vivo pendiente a que mis hijos, no sean ni ricos ni malos ciudadanos, finalmente que cumplan con la ley y traten de sobrevivir en este lugar dificil, como tantos. Silverio nadie nos dio un librito, y cada cual tiene que vivir su historia. Feliz dia del padre a ti y a todos tus congeneres.

  2. Jajajajaja me río por las contestaciones de este viejo roble…enseñanza pura, debemos ir a nuestro pasado y recoger la enseñanza de nuestros padre y ver si en algo nos equivocamos en la enseñanza a nuestros hijos y si aún se puede corregir lo menos malo y ver q esa generación q crece no se nos descarrile…graxxxxxx Silverio me hiciste reír y pensar mucho…Dios bendiga a tu hermosa familia y claro a tus hermosos viejos…

  3. Su madre con 11 hijos y agarró la batuta,cuando su padre no pudo…eso es una mujer de armas tomadas, hay que decirle Usted y Tenga!! Mirémonos en ese espejo, ella siempre sonriente y al lado de su viejo…….”Ven, ya sahhara! Alba K’est con bel vigore, cando vene pidi amore”….. (Ven hechicero! Alba que tiene bello vigor, cuando viene pide amor!”) Felicidades a su padre y a usted por tan bello cuento corto”.

  4. Felicidades a Don Silverio! pero OjO a la Gran Familia : en la misma genetica de vivir mas de 100años esta morir del corazon temprano…si alguno 50-60’s le da dolor de pecho que corra a chequearse…DLB!

  5. Muchas Felicidades, que siga celebrando junto a su linda esposa y amorosos hijos. Dios le Bendiga.

  6. Mi padre, a lo largo de su vida, me enseñó que el trabajo que realizáramos teníamos que hacerlo con un alto sentido de compromiso y a ver las cosas con sentido del humor. Esa “receta” nunca me ha fallado.

Deja un comentario