¿#Me quito o #no me quito?

Antes de contestarme la pregunta de si me quito o no me quito debo señalar que la crisis fiscal del país tiene muchos padrinos. La situación colonial es uno, la mala administración es otro, la corrupción está entre los principales, y finalmente, está la politiquería, que le sirve de enlace a todos los anteriores. Casi todos esos padrinos los vemos como algo externo, ajeno a nosotros. Pero hay uno del cual todos somos responsables: la banalidad, esto es, enredarnos en tonterías, en lo superficial, y huirle como el diablo a la cruz a profundizar en las cosas que discutimos.

En estos días a unos empresarios, con la mejor de las intenciones, se les ocurrió una campaña con el lema del Yo no me quito. De inmediato, en un arranque de banalidad, boricuas de acá, en Puerto Rico, y de allá, en los Estados Unidos, entraron en un dime y direte que alcanzó proporciones desproporcionadas, y valga la redundancia. Los de allá se sintieron eludidos y contestaron con un #yosímequité y descargaron toda su frustración contra el país, haciendo una larga lista de cosas por las cuales se habían ido, y otra de las bondades del lugar a donde aterrizaron.  Los de acá ripostaron tildándolos de perdedores y se erigieron a sí mismos en héroes de la patria, por quedarse.

Gente, ni lo uno ni lo otro. La gente que se va toma una decisión que hay que respetar. No es fácil irse y dejar los apegos que uno desarrolla con el lugar donde ha vivido. Si se van en busca de oportunidades, ¡excelente! Ahora… tienen que tener cuidado. A veces uno no triunfa porque, además de las circunstancias que le rodean en el país, hay un problema adicional con el que uno carga para donde quiera que va: y es uno mismo, con sus actitudes y taras que boicotean nuestras posibilidades de éxito. A los que se van les deseo lo mejor y no los juzgo. Pero metan mano, fájense, den el todo por el todo. Pero… no empiecen desde allá a hablar pestes de su isla, y de los que nos quedamos acá. Respetémonos mutuamente y nos va a ir mejor.

Los que nos quedamos, no creamos que porque hemos optado por permanecer en la isla se nos tiene que hacer un monumento. Hay quien se queda porque no se atreve irse, otros porque no tienen los recursos para hacerlo, y otros, tal vez los menos, porque están comprometidos con echar la isla pa’ lante a pesar de los políticos, y de los que, aunque se quedan en la isla, hace tiempo que están quitaos.

El quitarse o no quitarse es una actitud de vida que no tiene que ver con dónde estás o hacia dónde vas. Hay gente que se fue y no se ha quitao, y hay quienes se han quedado y están quitaos. Para mí el “yo no me quito” lo enmarco en esa actitud de resilencia, de engrandecerse ante la adversidad, de dar el todo por el todo aunque no tenga el estímulo de mi entorno, de declarar que si la salvación de la isla depende de alguien, yo asumo esa responsabilidad.

Si esa es tu actitud no tienes que andar con el hash tag pa’ arriba y pa’ abajo, pues tus actos serán tan elocuentes que no hacen falta las palabras.

Por último, deploro una carta, que también obtuvo muchos “likes” producto de esa banalidad que nos contamina, en la que el que la suscribe ataca sin piedad a lo que llama “los cuponeros”. No hay duda de que aquí hay generaciones producto de la dependencia. Pero señalar al que depende como único responsable de ese mal social es una banalidad, y una falta de conocimiento de la historia de este país, y cómo la dependencia ha sido una estrategia hábilmente elaborada para el dominio.

La banalidad nos hace votar para tumbar al que está arriba, cada cuatro años, nos hace envolvernos en peleas chiquitas y descuidar las grandes batallas. La banalidad es el instrumento más eficaz que ponemos en las manos de los padrinos de la crisis para que esta siga sin resolverse. Por favor, no nos quitemos de combatir esa banalidad que nos contagia a todos.

Exprésate

  • Silverio Pérez

    Escritor, Músico, Motivador, Compositor, Host de Radio y TV.

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