Fidel y las heridas de la historia

La muerte de Fidel Castro nos arrancó de un tirón la curita que teníamos sobre la herida de la Guerra Fría. Algunos descubrieron que ya ni cicatrices quedaban, a otros se les levantó el pellejo y de inmediato comenzó el sangrado. Escribo una mañana fría en Sevilla, apenas a un día de la muerte del… del… y en una sola palabra, la que sigue, en el adjetivo que describiría el sujeto de esta reflexión, está el reto de la historia: ¿el líder revolucionario o el asesino despiadado, ambos términos repetidos en abundancia en la hemorragia de adjetivos que se han usado en las últimas horas para describirle? Así es la historia de la humanidad y el que crea que tiene el término correcto no ha aprendido nada del pedazo de historia que le ha tocado vivir.

Diré lo que pienso, tratando de distanciarme de esa pretensión inescapable.

Aquí en Sevilla, en Madrid, en San Sebastián, en Barcelona o en mi amado Santiago de Compostela, basta con poner el tema político del momento para darnos cuenta que al hurgar un poco descubrimos las heridas de la Guerra Civil. Pero no hay que ir tan lejos. Si discutimos el resultado de las pasadas elecciones en Puerto Rico nos encontramos que todavía está vivito y coleando el fantasma de Muñoz revoloteando en el ambiente: ¿traidor de la independencia o padre del Puerto Rico moderno? De nuevo, quien crea que tiene la verdad cogida por el rabo se olvida que la verdad es tuca.

Fidel es un fenómeno histórico que no se puede analizar sin el contexto histórico en el que le tocó vivir. Quien lo tome personal y pretenda reaccionar a su muerte a través del prisma de su única experiencia caerá, como tantos, en el maniqueísmo. Por eso hay quienes hoy veneran a George Washington pero se olvidan de los que murieron como resultado de la guerra que le tocó librar. ¿Y qué me dicen de la decisión de Truman de lanzar las bombas sobre Hiroshima y Nagasaki? ¿Figuras como Hitler, resisten ese intento sosegado de mirar la historia? ¿Franco? ¿Trujillo? ¿Kennedy?

Cada cual tiene la responsabilidad de llegar a sus propias conclusiones. Yo me quedo con el recuerdo de la rabia contenida de los abuelos de mis hijos mayores cuando relataban las vicisitudes que vivieron al tener que abandonar Cuba, pero también con la Cuba que supera a nuestro quebrado país en educación, salud, deporte, desarrollo cultural, autosustentabilidad y otros renglones que el maniqueísmo se niega a reconocer. Me quedo con los dramáticos relatos de quienes tuvieron familiares que murieron en el paredón y vivieron años en las cárceles cubanas, pero también con los atentados terroristas y los asesinatos de la derecha cubana en Puerto Rico que están dramáticamente retratados en el libro La contrarrevolución cubana en Puerto Rico y el caso de Carlos Muñiz Varela de Jesús Arboleya Cervera con Raúl Álzaga Manresa y Ricardo Fraga del Valle.

Me identifico con la reflexión honesta, sosegada, la que nos lleva una desesperada intención de buscar el balance ante una figura imponente como Fidel. Me avergüenza la reacción carnavalesca de unos pocos por las calles de Miami, donde solo falta escuchar la consigna “muerto Fidel, viva Trump”. Pregunto, ¿qué celebran? ¿El fracaso de los cientos de atentados para matar a Fidel que a final de cuentas murió como y cuando le dio la real gana? ¿Qué celebran? ¿Los once presidentes estadounidenses que pretendieron acabar con su régimen y no pudieron?

El martes veremos la otra cara, la de miles y miles de cubanos que le rendirán un sentido homenaje en la Plaza de la Revolución. Y habrá un desfile de mandatarios, unos presentes, otros a una distancia prudente, pero todos reconociendo que Fidel fue, nos guste o no, el que le puso el broche de oro al Siglo XX. Sin Fidel no hubiese habido el intento de Estados Unidos de convertir a Puerto Rico en “la vitrina de la democracia y el progreso” que analizo en el libro La Vitrina Rota, próximo a salir. ¿Hubiese resistido Puerto Rico el bloqueo que aún no ha terminado al que fue sometida Cuba? ¿Y las víctimas de ese bloqueo? ¿Tienen razón los que lo lloran, o los que celebran su muerte? Son demasiadas preguntas. Mi llamado es a la reflexión necesaria para ver si aprendemos las lecciones diarias que nos da la historia.

Exprésate

  • Silverio Pérez

    Escritor, Músico, Motivador, Compositor, Host de Radio y TV.

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