Cosas de Niños

Yo no sé si es el olor a pino del arbolito, o el frío que se nos cuela de improviso, o las cancioncitas que aunque cansan es inevitable tararearlas, o el condicionamiento cultural, o qué se yo, pero no me importa. Solo sé que en estos tiempos que llamamos navidades experimento una deliciosa regresión a la infancia. Digo, eso es lo que yo creo. Mi esposa alega que yo estoy en una perenne regresión y que es asombroso cuando de cuando en vez me comporto como un señor que ya llegó a los 68 años. Pues hoy (ayer, si me leen el día después de hoy, o antier si encuentran esto el día después del día después) tuve una maravillosa tarde en compañía de un sinnúmero de niños, de diferentes edades, desde los cinco hasta los ochenta y pico, que necesito contarles.

Me fui a ver una obra dirigida por la teatrera prodigiosa Rosa Luisa Márquez, del prodigioso escritor Federico García Lorca, titulada La Zapatera Prodigiosa. Me llevé a mi nieta, pa’ disimular, pues era yo el que la quería ver. En la mesa del lado a la de mi familia estaba este niño travieso llamado Antonio Martorell, también llamado Toño, o ¡Coño! dependiendo la genialidad que se le ocurra. Y la obra empezó, y comenzó el gozo.

¡Qué magia tiene el teatro! Digo, el bien hecho. Me fui en un viaje del cual aún no he regresado. Marisé “Tata” Álvarez, Jeanne d’Arc Casas, Rafael Martínez, Maximiliano Rivas y Lizbeth Román, como diría mi niño interno, “mano, se botaron bien brutal”. No voy a decir cómo y qué hicieron porque este domingo (ojalá y no leas esto después de las 2:00 del domingo, porque te vas a dar contra el piso) la presentan por última vez este año, a las 2:00pm, en el Cafe Teatro El Josco
Santurce, Puerto Rico y no te la puedes perder. (boletos aquí) Lleva tus niños, el tuyo interno primero que nada, y todos los otros, desde cinco hasta ochenta y pico.

Y ahora, si me permiten, el adulto quiere hacer una reflexión de cierre: mientras exista el buen arte, en teatro, pintura, música, dramaturgia, o en cualquier otra manifestación, este pueblo tiene salvación. Nuestra manifestación cultural es el muro de contención contra aquellos que pretenden que seamos lo que no somos. Ha sido así por 118 años y ahora, más que nunca, lo seguirá siendo. Es un muro contra el cual se estrellan las cenizas tóxicas y las Juntas de Control pierden el control y se desjuntan. Pero tenemos que intensificar la solidaridad, el apertrechamiento, la conspiración deliberada y la manifestación de todo arte porque si nos descuidamos, nos aniquilan. El arte, como la Zapatera Prodigiosa, es prodigiosamente poderoso. ¡A hacer arte se ha dicho, cada vez mejor! y no habrá nada ni nadie que con nosotros pueda.

Exprésate

  • Silverio Pérez

    Escritor, Músico, Motivador, Compositor, Host de Radio y TV.

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